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domingo, 16 de abril de 2017

OTRA CRUZ TUMULARIA EN NUESTROS MUROS

"Extermínese enteramente del mundo cristiano la detestable costumbre de los desafíos... Los que entraren en el desafío, y los que se llaman sus padrinos, incurran en la pena de excomunión y de la pérdida de todos sus bienes, y en la de infamia perpetua, y deben ser castigados según los sagrados cánones, como homicidas; y si muriesen en el mismo desafío, carezcan perpetuamente de sepultura eclesiástica".




Como ya os conté, Al Detalle, hace unos meses en la entrada dedicada a la cruz tumularia que se encuentra en la Calle General Ezponza, el Concilio de Trento (1563) pretendió frenar el gran desastre que estaban suponiendo los duelos de espada, no solo en España, sino en gran parte de Europa. Los mejores caballeros y espachines, casi por cualquier razón, se enfrentaban al alba para salvar las deudas de honor que llevaba a una merma considerable de la potencialidad militar de nuestras tropas. Así la iglesia mandó descomulgar a todos los duelistas y sus padrinos. Esto implicaba que no podrían recibir misas ni enterramiento en camposanto. Fue entonces cuando se generalizó el uso de las Cruces Tumularias para recordar el lugar en el que algún caballero había fallecido en el transcurso de un duelo. Así cuando alguien se cruzara en su camino con una de ellas podría recordar su alma y rezar por ella.



Como os decía, hace meses os enseñé la que se encuentra en la Plaza de la Concepción, y gracias a la información de un amigo de este blog que me la descubrió, Fernando Solís, hoy os puedo enseñar otra, que aunque más deteriorada, parece ser una "nueva" Tumularia en nuestros muros. Se ubica en la muralla, en el Adarve de Santa Ana, a pocos metros a la izquierda de la puerta si la miramos de frente. Se encuentra en bastante peor estado, creo que por dos razones fundamentales: el tipo de piedra que la hace más quebradiza, pero fundamentalmente por la ubicación. En la zona en la que se encuentra y a esa altura, el incesante tráfico del adarve ha provocado que haya recibido más de un roce de los vehículos que han convertido la zona en un aparcamiento.

Ahora ya tenemos dos lugares donde contar que en los adarves o arrabales de esta ciudad algún caballero murió al alba tras batirse a un duelo de honor, y que tras ser descomulgado por la iglesia, la familia decidió grabar una Cruz Tumularia para que todos los que la vieran pudieran rezar un responso por el descanso de su alma, como la única forma de lograr la purificación de su espíritu. 




martes, 28 de marzo de 2017

SAN JUAN BAUTISTA DE LA VICIOSA. DELEITOSA


Sé que está algo lejos de mi zona habitual de trabajo, pero cuando un amigo te llama y pronuncia en la misma frase las palabras: CONVENTO y RUINAS, no puedes negarte embriagado por la emoción.

El convento se encuentra a unos 5 Kilómetros al oeste de la villa cacereña de Deleitosa, aproximadamente. El lugar es aún hoy, muy húmedo y fragoso, circunstancia que dió origen a su sobrenombre, debido a la persistente exhuberancia (vicio) de la vegetación autóctona. Hay otra versión para el origen de este nombre, porque el Convento fue también llamado el Convento de los Habaneros, al emplazarse junto a unas huertas de habas. Lo curioso es que en la zona también se conocen a las habas como vicios, por lo que esto también explicaría el apelativo de “viciosa” en relación a estas legumbres.





San Juan Bautista de la Viciosa fue fundado en 1561 (1559 según otras fuentes) por la Orden de franciscanos descalzos de la custodia de San José, dirigida por el que habría de ser unos de los santos más grandes de la cristiandad y Patrón de Extremadura, fray Pedro de Alcántara. Esta construcción se llevó a cabo a expensas de los Condes de Oropesa y Deleitosa, D. Francisco Fernando Álvarez de Toledo y su esposa, Dña. Beatriz de Monroy y Ayala, dueños y señores de aquellos territorios.







Se levantó alrededor de un pabellón de caza que tenían allí los condes, y su construcción fue del gusto de aquellos frailes mendicantes: tosca y sencilla, a semejanza del convento del Palancar. Debido a las pésimas condiciones de habitabilidad que reunía aquel edificio, y que según la tradición fueron la causa de que San Pedro de Alcántara enfermase en él para morir poco después en Arenas. Unido a lo alejado del convento de los pueblos de su guardianía de los que dependían sus limosnas y sustento, los frailes solicitaron al patrón D. Juan Álvarez de Toledo, que edificase un nuevo convento en un lugar cercano, pero más saludable, a lo que el conde se negó. Entonces, previa licencia del Ayuntamiento de Trujillo, el obispo de Plasencia y el Consejo Real, en enero de 1603, la comunidad franciscana de La Viciosa se trasladó definitivamente a la ermita de Sta. María de la Magdalena, extramuros, aunque muy próxima, a la ciudad trujillana, donde edificaron un nuevo convento.





Los franciscanos entregaron el convento de la Viciosa y sus pertenencias al conde de Oropesa y Deleitosa, quien envió a su administrador en Belvís y Alcalde Mayor de aquella villa para recibir la casa. Seguidamente, el patrono entregó el convento a los padres Agustinos Recoletos, quienes sí consiguieron del conde que les edificase un nuevo edificio junto al anterior, que quedó abandonado.





Los agustinos lo habitaron hasta la Desamortización general decretada por Juan Álvarez Mendizábal en 1836, y a partir de entonces comenzó su progresivo deterioro.

En la actualidad sólo quedan las ruinas de aquel nuevo cenobio, y una capilla conocida como “de San Pedro de Alcántara”, que se usa como pajar de la finca, y que probablemente fue un eremitorio para recogimiento y penitencia de los franciscanos descalzos originales.

Para visitar este precioso lugar nos dirigimos hacia el cuartel de la Guardia Civil y tomamos la calle que sale justo enfrente del matadero por el camino de Jaraicejo. Un poco más adelante empieza la señalización de esta ruta en el abrevadero para uso ganadero. Transcurridos unos 500 metros el camino se desvía a la derecha entre tapiales de piedra hasta llagar al Valle Gusano y después al Arroyo Pedro García. Seguimos nuestro camino y tras una cuesta empedrada, pero poco pronunciada, alcanzamos la Cañada del Alcalde, que nos recuerda el antiguo trasiego de ganado por esta zona. Aquí abandonamos la ruta y seguimos la señalización que nos lleva al paraje conocido como la Mesa del Arco.




A continuación, seguimos hasta la fuente de la Retuerta, lugar idóneo para un descanso, y a la izquierda dejamos la cancilla de la finca El Cañaveral para cruzar un poco más adelante el Arroyo del Horco y alcanzar el Valle Rocastaño, donde está el Convento San Juan Bautista de la Viciosa.








sábado, 18 de marzo de 2017

ROLLOS Y PICOTAS V. EL ROLLO DE VALDEFUENTES





Algo alejado de mi radio de acción habitual, se encuentra el Rollo de Valdefuentes, que he querido mostraros, AL DETALLE, para completar el monográfico que, sobre los rollos y picotas en los alrededores de Cáceres, estaba haciendo desde meses.


Esta imponente columna de piedra se encuentra en el medio de la plaza, lugar al que fue trasladada en 1968 desde la parte baja de ésta, donde se situaba originalmente. La mandó construir Álvaro de Sande, cuando le compró la villa de Valdefuentes a Felipe II, como parte del agradecimiento por los servicios militares que había ofrecido al reino. Concretamente la venta se firmó el 11 de julio de 1558. De esta forma el rey, que además necesitaba algo de liquidez, se despoja de una villa que había pasado a formar parte de la corona con el desmantelamiento de la Orden de Santiago, a quien pertenecía Valdefuentes en un principio. 


 

Sobre tres gradas circulares se levanta esta imponente columna de cantería labrada, sustentada por una potente basa. El primer tercio del fuste se decora con junquillos que pasan a  ser acanaladuras en los dos tercios restantes. Se remata por un tambor entre molduras convexas en el que destacan tres cabezas de leones con las fauces abiertas. El la bibliografía ser afirma que en uno de los interespacios de este tambor aparece el águila de la casa de los Sande (Solano, 1987. Historia del Señorío de Valdefuentes), pero yo no he logrado encontrarla. A lo largo del fuste observamos restos de la decoración en esgrafiado que poseía y que está perdiendo. No olvidemos la tradición y la importancia de esta técnica en la localidad.




 

Sobre un saledizo, a modo de cornisa, se apoya una desigual pirámide truncada donde descansaba hace años una maltrecha y misteriosa figura de la que algunos dicen que era antropomorfa y otros sostienen que era una lechuza. De una forma o de otra, lo que sí tenían claro en la localidad, es que era una figura alegórica de la muerte. Recientemente ha sido sustituida por un inocente angelote que porta un cuerno de la abundancia. Desconozco el paradero actual de la misteriosa escultura original. 








Lo más probable es que a este precioso rollo de estilo jónico, se le añadiera posteriormente esta deforme pirámide que aparece de forma incoherente con el resto del monumento. A pesar de eso, el conjunto es de gran belleza, y lo que es más importante, ocupa un lugar privilegiado en la localidad, y un lugar, que sin duda, es totalmente merecido.
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